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DIGNIDAD HUMANA Y LAS COMPETENCIAS LABORALES


ANTECEDENTES

La integración al campo laboral es un arduo camino que todos pasamos. Algunos ven pendientes más inclinadas y algunos menos áspero el camino, sin embargo, el fin parece el mismo: ¡encontrar un buen trabajo!


Es precisamente en este objetivo que la esencia de las competencias cobra sentido. Es decir, debemos definir qué es un buen trabajo para quien lo oferta, qué es buen trabajo para quién lo busca y qué elementos debe aportar a nuestra vida y al sentido social para que pueda ser considerado de esa manera.


Por regla general se considera un buen trabajo si logra satisfacer necesidades económicas que nos permitan acceder a comodidades y si se puede, un justo, aunque generalmente lento ascenso a un mejor puesto, lo que asociamos como una mejor calidad de vida.


Sumado a ello tenemos que, para obtener un buen empleo, debemos partir de la base de poder determinar el valor real y potencial que tenemos como empleados: conocimientos, habilidades, experiencia, valores, etcétera.


Generalmente basamos nuestra “cualificación” en el elemento del conocimiento, argumentando al inicio de nuestra vida laboral que nuestra experiencia es limitada, sin embargo, poseemos la mejor disposición para aprender a hacer si deciden contratarnos. Por otro lado, muchas personas con años de experiencia y más hoy en día con tantos cambios tecnológicos y de hábitos laborales, ante el tambaleo del desempleo, se sienten frustrados e intimidados, pues tienen miedo a ser desechados por falta de un proceso amigable de adaptación, inclusive boicoteando procesos tecnológicos mucho más productivos de los que se veían antes de la pandemia.


Se lee y escucha una y otra vez que la competencia, cuando nos referimos a ese punto de comparación con otras personas, debe ser con nosotros mismos y no con los demás, pero qué pasa en el mundo real, donde al abrirse una plaza, se postulan 10, 20 o más candidatos incluso sobre calificados para el puesto y que están dispuestas a todo o a nada, es decir, a aceptar lo que les ofrezcan con tal de tener trabajo y la pregunta base es: ¿a quién elegir y por qué hacerlo?


Los grupos de recursos humanos en redes sociales se saturan de comentarios sobre la “rotación excesiva de personal”, queriendo entender en el consenso de opiniones el motivo. Para equilibrar, en respuesta a esa inquietud, observamos miles de capacitaciones donde se promete una estabilidad en el clima laboral, sin embargo, en la saturación del coaching sin una base metodológica, sin lineamientos y sin apego a un estándar de competencia, muchas veces queda a disposición de un “vende humos” una solución rápida mediante una sesión de liderazgo y debemos recordar “no hay soluciones simples a problemas complejos”.


“La dignidad no consiste en tener honores, sino en merecerlos”. Aristóteles



SABER, SABER HACER Y SABER SER…

Un juego de palabras que en contexto marcan el eje o directriz de las competencias y del CONOCER, parecen a primera vista una base histórica y filosófica “la cual cobra sentido en los sentidos si logramos entender su conexión”.


Generalmente no reflexionamos que esos tres elementos amalgaman tan bien el sentido de la vida laboral y que enfocados debidamente logran un objetivo mucho más SUPREMO que la cuestión económica.


Decía DIEGO RUZZARIN en una entrevista que pocas veces buscamos la dignidad humana como un fin en la actividad laboral y explicaba la importancia de que a través de nuestras actividades lográramos “descubrirnos como seres humanos”, sumaría desde luego que por añadidura el ingreso económico llegará, porque a pesar de lo alentador del profundo mensaje, no deja de ser para la gran mayoría, la base económica, algo preocupante. Es importante no soslayar que, los ingresos, aún estables, en mayor o menor medida, no necesariamente producen estabilidad financiera, ya que eso depende de otros factores sobre el manejo de nuestros recursos y una sana administración.


La primera base, “el saber” que refiere al conocimiento, generalmente es producto de una formación académica, desde la básica como preescolar, primaria, secundaria, preparatoria, hasta especializada o de enfoque como es una carrera técnica o universitaria.


De este primer elemento sería importante destacar que actualmente las “nuevas generaciones” se encuentran sobresaturadas de información por la invasión positiva y negativa de los medios tecnológicos, por lo que en cuestión de segundos, tenemos al alcance “casi todo lo que queremos saber”, sin embargo, esa saturación de información, produce un nuevo obstáculo: ¿a quién debo creerle?, es decir, la can